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Pues la respuesta está muy clara: para rato, pero para mucho rato, joven.

Hablando con Barbol esta mañana de julio me comenta que: «Por lo menos en España, no hay mercado libre de precios en los libros. Hasta que la ley no permita la libertad de precios, nada».

Rogelio Blanco, Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas, lo dejaba en su día bien clarito «precio fijo del libro sin exclusiones», toma ya…

O sea que, visto lo visto, tendremos que seguir «amazoneando» en .com .de o .fr, juntándonos entre unos cuantos para pagar los portes, o enviarnos los libros a Francia, Alemania o Reino Unido y esperar a que nuestro amigo guiri nos los traiga cuando venga a vernos o viceversa (que hay quien lo hace, eh?).

De la A a la Z…

Me encantan los paneles de control de los vehículos. Con esos relojes sobrios, fríos, mostrando la información justa, indicándote qué es lo que está pasando en el automóvil en cualquier momento. Un vistazo de dos segundos y pam, lo sabes todo. Y muy estandarizados, da igual la marca, por lo general todos con los mismos símbolos y los mismos fondos negros sobre tipografía blanca sin serifa (aunque siempre habrá excepciones, claro…).

Cuando veo estos paneles no puedo evitar acordarme de Tufte y su libro The Visual Display of Quantitative Information, una auténtica perla. En él, Tufte hace hincapié en un concepto que lleva usándose desde el 83 y que en el ámbito de la Usabilidad está muy en boca: Data ink.

Data ink es, simplificando un poco, la cantidad de tinta que aporta información (o data) en un determinado elemento o dispositivo. Aquella tinta de la cual no se puede prescindir para informar como es debido. Todo lo demás, si no es data ink, se puede eliminar, es prescindible, o Chartjunk, como él lo denomina.

En los vehículos la información que aparece es la justa, no sobra nada. Y todos aplican este concepto, ¿no es genial? Pero además, es el más difícil todavía, porque los fabricantes de vehículos no trabajan estos paneles, sino empresas especializadas para tal fin: Veglia, Siemens VDO, Faurecia o Visteon entre otras muchas. Es algo así como consultoras outsourcing encargándose de esta parte específica del vehículo.

Creo que la evolución de estos dispositivos es un gran ejemplo de cómo ideas y culturas distintas se pueden unir para crear conceptos universales que funcionan bien y que sirven para mucha gente, estén donde estén.

Igual con la web sucederá lo mismo, igual dentro de unos años todo tiende a unificarse y entonces se utilizarán elementos estandarizados para determinados objetivos: Comprar un billete de avión lleva este conjunto de procesos, hacer una transferencia bancaria implica este otro, y así sucesivamente. Para cada escenario modelos de navegación y componentes estandarizados.

Es tan solo una idea, pero igual algún día la web llega a ser como un cuentakilómetros…

Para quien tenga más interés:
Tufte en la Wikipedia;
Reseña del libro: The Visual Display of Quantitative Information;
El diseño web aplicando los conceptos de Tufte.

La foto utilizada es de un BMW X3, de unos ex-colegas de IconMedialab: Ligia y Bruno.

Agus, ya sabes 😉

Tiene narices. La historia de nunca acabar…

Maruja Torres, reportera de guerra desde hace años en aquel país se ha desplazado hasta la capital para dar su visión particular sobre la situación.

No pienses. No pienses. Es el mejor de los consejos. Aquí en Beirut tratamos de seguirlo todos, dice en su crónica…

El blog de Iñigo Sáenz de Ugarte, Guerra Eterna, también nos brinda su opinión personal.

Este es el slogan que reza en la web de la conocida aseguradora Zurich.
Y yo me imagino que, provocado por ese acento final, también colocaron este cartelito en el edificio corporativo de su sede en Madrid, invitando a no pasar:


Private property
Entry fordydden

Da zabes, lo dice el podtedo…

Hace unos días recibí de Telefónica una carta dándome la bienvenida por haber contratado sus servicios de conexión a internet.
Me he tomado la molestia de echarle una foto a la misiva que me enviaron, porque la verdad es que es de vergüenza.

En la foto se puede apreciar, queridos lectores, el quemón de cigarrillo en medio del A4.

Consigo imaginarme, y además perfectamente, al que le ha tocado ensobrar los documentos, con el Ducados, así de medio lado y los ojos achinados por el humo.

Estoy seguro de que reparó en el agujero provocado por la ceniza. Se ve tan bien que cuesta imaginar que haya pasado desapercibido, porque hasta tuvo la puntería de calzarlo en la línea. Pero prefirió seguir p´alante. «Total para lo que nos pagan», diría el sujeto en cuestión…

Últimamente nada más que oigo quejas por los servicios ofrecidos vía web. Jazztel es único haciendo sus pinitos y tampoco se quedan atrás Wanadoo, Ya y todos ésos… Las agencias de viajes tampoco lo hacen mal. Hace unos días, sin ir más lejos, leía a Luis Villa comentando los «fabulosos precios» de iberia.com. Qué gangas, oiga.

Lo mío no se queda sólo en Telefónica. Tuve la desgracia de caer en la tentación de conocer los servicios del diario El País. También solicité la recepción del periódico los fines de semana, todo esto vía web.

Pues nada, zero, rien… Ni siquiera un mísero email de confirmación de datos o algo así. Pero hay más: Tras quince días de espera lo único que recibo son llamadas de las oficinas de reparto, o de las de gestión de clientes, preguntándome si lo recibo. Y yo digo y redigo que no, que no y que no, leches, que no lo estoy recibiendo. Eso sí, para cobrarme han tardado cero coma…

Así que, después de estos avatares, me he dado de baja. Ahora a esperar no sé cuánto tiempo a que me devuelvan lo que he pagado. Y encima, tienen la cara de pedirme que me encargue yo de hablar con mi banco para gestionar la devolución de la suscripción! No son salaos estos hombres de Dios?

Cuánto tiempo pasará hasta que los usuarios podamos pagar por servicios online serios y decentes? Cuando oigo hablar de Alemania o Francia se me arquea la ceja de la envidia. Es que no estamos hablando de una Pyme de embutidos o de una franquicia de chándals (estoy seguro de lo harían muchísimo mejor). Estamos hablando de empresas que mueven muchos millones en nuestro país.

Qué tristeza, de verdad.

Zanahorias de tres puntas, rodajas de pan fantasmagóricas, mega-fresas de seis cabezas, pimientos con cara de enfadado, calamares con forma de letra o aros de cebolla a la quicktime:

Todo esto y mucho más en el MOFA (Museum of Food Anomalies).

A través del muy recomendable blog The Proceedings of the Athanasius Kircher Society.